Centros en red – ¿Cultura y política viven un idilio o se dan la espalda por miedo a alterar sus complejas relaciones?

Un programa que repitió su emisión ayer 04-01-2010, emitido originalmente en Junio pasado, posiblemente repetido porque aparece el nuevo conseller de Cultura del Gobierno de la Generalitat Ferran Mascarell.

Para muchos, Mascarell es el político dedicado a la gestión cultural más brillante que ha dado la Cataluña democrática y en la primera fila de los políticos de la cultura española de este periodo junto a Jorge Semprún y César Antonio de Molina. Atento a la vez a la creación y a la industria, conocedor de sus entresijos tanto por el contacto con sus protagonistas como por su participacion en libros blancos y estudios institucionales sobre el tema, a él se debe entre otras cposas el Plan de Bibliotecas de Barcelona, que es la actuación cultural más ambiciosa (y exitosa) que ha tenido la ciudad en decenios, así como el encarrilamiento de la presencia catalana en Franfurt 2007 durante su primer y breve paso como conseller de Cultura. Tiene el mapa del sector en la cabeza, el discurso claro y está acostumbrado a actuar desde el consenso. (Texto extraido del suplemento Culturas de La Vanguardia, Miércoles 5-1-2011)

Las bibliotecas de Barcelona aparecen como objetivo de varios  puntos a desarrollar dentro  del apartado Barcelona, Ciudad Lectora del nuevo Plan de Cultura, referencia de este blog.

El programa es un debate muy interesante sobre la relación entre la política y la cultura. Aparece también Jesús Carrillo director del Museo de arte Reina Sofia y el caso de La Tabacalera de Lavapies.
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Otro programa de la misma serie con un debate sobre el tema de la gestión cultural y la figura del gestor cultural como modelo laboral estandarizado y formado para gestionar con eficacia todo tipo de equipamientos y programas culturales frente a los modelos anteriores en el que asociaciones, voluntarios y activistas culturales eran los protagonistas del sector.  Presentan lugares como Hika Ateneo de Bilbao y el Ateneu Barcelonés.
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Retos y dificultades en el Nuevo Contexto Cultural: La globalización cultural

Concomitance Time StretchingSegún el plan reconoce un contexto en el que las nuevas actuaciones son necesarias, sin embargo podemos hacer una crítica de lo que pude conducir las nuevas visiones de la cultura. En el plan los propios responsables de gestión de la cultura ya reconocen problemas como la globalización cultural, como se recoge con el resumen de los siguientes párrafos. Este problema y otros pueden convertirse en motivo de investigación en este blog más adelante.

Los movimientos de población y la creciente diversidad, obligan a traducir a escala local nuevos retos sobre el diálogo intercultural.  La diversidad cultural por contra al establecerse nuevas conexiones es un gran potencial de productividad.  La revolución tecnológica, en especial internet hace que un creciente número de la población accede  a la producción cultural y lo utiliza como medio de producción, difusión o comunicación.
La adecuación y discusión sobre los derechos y las leyes de propiedad intelectual están en cuestión y se tienen que adaptar a los nuevos entornos digitales .
La exclusión social se ha convertido en un debate sobre la diversidad cultural y la necesidad de encontrar los medios más apropiados para promover las nuevas expresiones culturales minoritarias.
Las ciudades crecen en  extensión haciendo el gobierno territorial más complejo.
Organizaciones como La ONU o la Unión Europea reconocen el papel de las ciudades en la democratización y la eficiencia. sin embargo se reconocen deficiencias en la financiación de los gobiernos locales y que no tienen suficientes herramientas para hacer frente a los retos de la mundialización.
La Agenda 21 de la cultura señala que es necesario tanto «la continuidad y el desarrollo de las culturas locales originarias, portadoras de una relación histórica e interactiva con el territorio», como «la expresión y la participación de las personas con culturas procedentes de la inmigración o arraigadas originariamente en otros territorios», dado que «este compromiso recíproco es el fundamento de los procesos de convivencia e interculturalidad que, de hecho, aunque sin este nombre, han contribuido a configurar la identidad de cada ciudad».

En el recurso de la cultura  Yúdice  escribe que la conservación de la diversidad es algo deseable ya que ésta enriquece a la cultura. Sin embargo, en algunos casos se podría producir cierta presión de la empresa privada. Esto es más destacable para los  países en vías de desarrollo.

Otros efectos negativos son por ejemplo la división internacional del trabajo cultural, los resultados de leyes que favorecen a los intereses de corporaciones, el desplazamiento de grupos minoritarios, etc.

Todo ello conduce a Yúdice a hablar y defender la necesidad de una ciudadanía cultural poseedora de derechos como la participación en la actividad cultural, el acceso a la educación y el reconocimiento de los derechos humanos.

Retos y dificultades en el Nuevo Contexto Cultural: La cultura no comercial o alternativa.

Otra dificultad a la que se enfrenta el plan es el tratamiento que se pueda dar a la cultura no comercial o alternativa.  En la mercantilización de la cultura se pueden producir determinadas prácticas, sin embargo otras  prácticas culturales  quedan al margen de los circuitos oficiales y comerciales.
El cambio de estatuto de la cultura abre un  marco de negociación complejo en el que hay que intentar cumplir con requisitos de utilidad y para poderlo llevar a cabo proyecto, convencer a la capa política o financiera de que el proyecto puede cumplir los requisitos que presenta bajo unos indicadores tangibles, etc., para ello seguramente  hay que elegir y negociar con la comunidad que ha  construido el proyecto, lo  cual entraña muchas dificultades.

Una vez presentado los antecedentes y las intenciones del plan de cultura de Barcelona , continuo con un resumen basado en los debates y materiales de la asignatura,  para situar el Plan de cultura de Barcelona en algunas corrientes  teóricas que lo inspiran.

La economización de la cultura o utilizar la cultura  como un recurso,  trae consigo una nueva forma de enfocar el papel de la cultura como forma de extraer unos beneficios tangibles en un nuevo contexto de  globalización  en el que también juegan un papel importante las organizaciones mundiales.  Nace entonces una nueva forma de hacer política, florecen las empresas de gestión cultural, la culturización de la economía  y el término culturización de la economía.
El marco crítico de la ‘Industria Cultural’ planteada por Adorno y Horkheimer en ‘La industria cultural como engaño de masas’ ha ido cambiando hacia discursos que sitúan  a la cultura como principal recurso político y económico.  Estos discursos más ‘plurales’  cambian a partir de los  80s,  conducidos por conceptos como el de ‘Las industrias culturales’   que dan un giro positivo a las concepciones críticas anteriores de la noción en singular de Industria Cultural, entrando en un nuevo paradigma donde se empezarán a activar políticas públicas y planes estratégicos donde la cultura actuará como eje central.
Autores como George Yúdice o Toby Miller han analizado críticamente ese cambio de estatuto de la cultura como recurso y las diferentes políticas públicas que lo han implementado, revisando el discurso que lo moviliza y los diferentes organismos que lo han llevado a cabo.
George Yúdice (2002). El recurso de la cultura: usos de la cultura en la era global
George Yúdice; Toby Miller (2004). Política cultural

En el libro el Recurso de la cultura de Yúdice, el concepto de recurso absorbe y anula las distinciones, prevalecientes hasta ahora, entre la definición de alta cultura, la definición antropológica y la definición masiva de cultura.

Raymond Willams distinguió cultura entre el sustantivo independiente y abstracto que designa un proceso general de desarrollo intelectual, espiritual y estético; el sustantivo independiente que indica un modo de vida determinado, de un pueblo, periodo, un grupo o la humanidad en general y el sustantivo independiente y abstracto que describe las obras y practicas de la actividad intelectual y especialmente artística.

En Política cultural Yúdice y Miller explican la historia de la gestión cultural en Occidente, presentando un análisis profundo de política cultural en el que se refleja el papel de ésta en el proceso de construcción de los estados, de los ciudadanos consumidores y del mercado. El análisis se sitúa a nivel de las instituciones administradoras y productoras de cultura  y sirve de base para análisis posteriores centradas en el sujeto y en el proceso de apropiación de la cultura, la cultura como recurso y la economización de la cultura.

La cultura como recurso y la economización de la cultura

Utilizar  la cultura como un recurso significa  que ésta se pueda medir económicamente  y que por lo tanto tenga una utilidad demostrable. Se trata de dejar atrás las concepciones que concebían la cultura como un objeto que se justifica a si mismo o como una vía de emancipación o liberación.
La cultura empieza a ser central dentro de la globalización y deberá justificarse por su utilidad   para resolver conflictos sociales  o diplomáticos, generar desarrollo económico, revitalizar barrios degradados, etc.
La cultura  pasa a un primer plano como herramienta de transformación económica, política y social.
Esa concepción de la cultura como recurso viene en gran medida impuesta por la retirada del Estado de gran parte de sus competencias, reduciendo la subvención directa de todos los servicios sociales incluida la cultura.
Esta reducción de gastos estatales empuja al sector de la cultura y de las artes a

“afirmar que pude resolver problemas como mitigar las luchas raciales, ayudar a revertir el deterioro urbano mediante el turismo cultural, crear empleos, reducir el delito y quizás generar ganancias” (Yúdice, El recurso de la cultura).

Con datos tangibles e informes que así lo contrastan, organismos como el Banco Mundial pueden entonces invertir en proyectos de desarrollo cultural.

“la cultura por la cultura misma, cualquiera sea esta, nunca será financiada, a menos que proporcione una forma indirecta de ganancia” (Yúdice, El recurso de la cultura).

La economización de la cultura no viene marcada simplemente por una necesidad de cubrir un mercado concreto o por un proceso de mercantilización de la cultura tal y como lo denunciaron Adorno y Hokheimer, sino por una razón economicista aceptada desde el Estado a los agentes del sector cultural que, en pleno paradigma neoliberal han de usar y justificar la cultura como un instrumento del que se extraigan unos beneficios medibles, ya sean sociales, políticos o económicos.
La economización de la cultura trata del diseño y puesta en valor de la cultura como motor económico, como vértebra para el cambio de modelo económico en el paradigma postfordista y como acicate para la terciarización de las ciudades. La economización de la cultura está íntimamente relacionado con el cambio de estatuto de la cultura del que nos habla Yúdice, la cultura como recurso. Este proceso se verá avivado por los programas de promoción de la cultura como válvula para el desarrollo económico de las ciudades que podemos ejemplificar en los planes para la capitalidad cultural y en proyectar el atractivo cultural (su patrimonio, un festival de música, etc.) para captar mayor tasa de turismo. Este proceso afecta a la manera de entender la cultura, los programas y prácticas culturales.

El papel de las organizaciones mundiales

El nuevo concepto de cultura es reproducido por entidades oficiales nacionales y supranacionales como la NNU, la Unesco,  el Banco mundial, etc. Yúdice afirma que

“ Cabría aducir que la cultura se ha convertido simplemente en un pretexto para el progreso sociopolítico y el crecimiento económico, pero aun si ese fuera el caso, la proliferación de tales argumentos en los foros donde se discuten proyectos tocantes a la cultura y al desarrollo locales, en la UNESCO, en el Banco Mundial y en la llamada sociedad  civil globalizada de las fundaciones internacionales y de las organizaciones no gubernamentales, han transformado lo que entendemos por el concepto de cultura y lo que hacemos en su nombre. (El recurso de la cultura Yúdice)
“La única forma de convencer a los dirigentes del gobierno y de las empresas de que vale la pena apoyar la actividad cultural es alegar que esta disminuirá los conflictos sociales y conducirá al desarrollo económico (El recurso de la cultura Yúdice)

En el documento,  Informe de la UNESCO: World Bank (1999) ‘Culture Counts: Financing, Resources an the Economics of Culture in Sustainables Development´ hay una declaración en este sentido.
Una nueva forma de hacer política, las empresas de gestión cultural y la Culturización de la economía

La Política Cultural es una nueva forma de hacer política con unas instituciones y designios políticos muy concretos contrapuestos a otros, con el pretexto de la cultura.
En esta nueva etapa de la cultura son muy importantes los gestores. En las últimas décadas  han aparecido gran cantidad de empresas de gestión cultural que son las más capacitadas para desarrollar proyectos que cuenten con una cobertura económica importante.
La gestion cultural y su aplicación en ciudades como parte de las políticas de los planes de renovación urbana. Dan por ello cuenta de la experiencia Londres, Barcelona y otras ciudades incluso en America Latina.  En la web del Plan de Barcelona  existen vínculos a las ciudades de Manchester, Toronto, Montreal, Buenos aires, Lille, Paris, Londres y Vancouver.
La alta cultura se torna un recurso para el desarrollo urbano en el museo contemporáneo (por ejemplo, el Guggenheim de Bilbao).
Los rituales, las prácticas estéticas cotidianas tales como canciones, cuentos populares, cocina, costumbres y otros usos simbólicos son movilizados también como recursos en el turismo y en la promoción de industrias que explotan el patrimonio cultural.
La gestion cultural y su aplicación en ciudades como parte de las políticas de los planes de renovación urbana. Dan por ello cuenta de la experiencia Londres, Barcelona y otras ciudades incluso en America Latina.

La culturización de la economía afecta a todo el modelo de ciudad y se caracteriza por dar identidad cultural a un contexto a través de lo que produce el sector creativo y por introducir dinámicas culturales dentro de las propias empresas.
George Yúdice nos habla de este proceso poniendo como ejemplo Londres, que se convirtió en el centro de tendencias en la música, en la moda, en el arte o en el diseño,  bajo el programa ‘Cool Britania’ desarrollado en los 90s, Londres pasó a ser un contexto donde los sectores de la moda, el diseño, el arte contemporáneo, la publicidad, etc. pasaron a ser el gran valor diferencial de su modelo de ciudad y económico.
Esos sectores se caracterizan por ser un tejido empresarial formado por pequeñas productoras, freelances, cooperativas, etc. y no grandes estudios ni grandes estructuras como la cinematográfica o los grandes sellos de la industrias discográfica. Ese tejido empresarial es el que se denominará ‘industrias creativas‘.
Dentro de las empresas tradicionales, también se introducirán dinámicas culturales para optimizar la productividad a través de la denominada ‘cultura corporativa’, es decir, una serie de valores y modos de hacer (y de ser) que están íntimamente relacionados con una marca comercial. Los trabajadores han de sentir que forman parte de la marca, han de interiorizar un estilo de vida que se forja dentro del espacio de trabajo.

Concomitance Time Stretching

En este primer post, para situarme en el ámbito del trabajo propuesto, relato esquematicamente la  situación histórica del nuevo Plan de Cultura de la ciudad de Barcelona centrada en los últimas décadas y sus intenciones,  según el contenido del mismo:

Comienza con una transformación de carácter político entre 1979 y 1985.  Se caracteriza por la democratización de la cultura, acceso de la ciudadanía a las actividades culturales y por una apropiación y ocupación del espacio público. El principal signo distinguible de esta época consiste en la aparición de los Centros Cívicos.

En la segunda época se produce una transformación de carácter económico entre 1986 y 1995. Se caracteriza por el desarrollo urbanístico y por la construcción de Infraestructuras culturales. Como característica se puede destacar la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992.

La tercera época que abarca entre 1996 y el 2004 se caracteriza por la consideración de  la cultura como motor de desarrollo de la ciudad . Se caracteriza por la democratización de la cultura. Se acoge el término de Industrias culturales, aparece el Instituto de Cultura de Barcelona  y se crea el Plan estratégico del Sector Cultural. La cultura ocupará un espacio de centralidad y se reconoce un vínculo entre la cultura y  el desarrollo económico y tecnológico.  Como símbolos identitarios destacan el plan de bibliotecas, el Forum Universal de las Culturas, los años temáticos y la construcción del distrito de la innovación 22@.

Las intenciones del nuevo Plan de la cultura pretende a la cultura como finalidad de las políticas culturales. Esto quiere decir que situa a la  a cultura como argumento y como un fín, no como un medio: la cultura como finalidad de las políticas culturales.
Las características  de este nuevo plan establecido en el 2006 son, la incorporación de la lógica de las estapas anteriores, el paso de la sociedad industrial a la cultura, lo cual implica una inversión contínua en equipamientos culturales y está considerado como un factor clave para el  desarrollo de las ciudades. Como signos de esta nueva época podemos fijarnos en el despliegue del distrito de innovación 22@, el Año internacional Gaudí, los equipamientos públicos, las ayudas y subvenciones a los agentes culturales y la generación de plataformas de difusión estables.

Este planteamiento que pretende ser un cambio de estatuto para la cultura y situarla como eje central, ha sido analizada críticamente por autores como George Yúdice y Toby Miller. En el Recurso de la cultura, George Yúdice afirma que en la cultura se invierte, se distribuye de las maneras más globales, se utiliza como atracción para promover el desarrollo del capital y del turismo como el primer motor de las industrias culturales y también  resulta un incentivo inagotable  para las nuevas industrias que dependen de la propiedad intelectual.

El nuevo plan se basa en cuatro dimensiones establecidos en base al territorio que son  riqueza, equidad, sostenibilidad y cultura. Es decir un crecimiento económico que proporcione riqueza, una distribución de la misma que comporta equidad,  una sostenibilidad ambiental y un desarrollo de la cultura.
Por contra,  se reconoce una dificultad par establecer parámetros e indicadores. El PIB puede ser significativo para medir la economía y el IDH (indicador del desarrollo humano) sobre la desigualdad, pero un reto importante es ¿como medir el desarrollo cultural de una sociedad.?
Asi mismo, el nuevo plan apuesta por tres características interrelacionadas que son la proximidad, el sistema de producción cultural y la calidad o excelencia. Debido a la nueva realidad y los retos de futuro, prioriza el binomio proximidad- excelencia, en un contexto de diversidad cultural y de complejidad creciente an las diná,icas culturales de la ciudad..
En fin,  el nuevo plan trata de generar condiciones para la convivencia en un entorno cada vez más diverso y facilitar condiciones para la calidad de las producciones y los proyectos culturales.

Democratización de la cultura
Acceso de la ciudadanía a las actividades culturales
Apropiación y ocupación del espacio público